Quién soy
Seguramente porque nací, me crié y estudié en el País Vasco, la política ha marcado también mi profesión. Ya en el instituto, disfrutaba sobre todo con las clases de Historia y de Lengua. Cómo un político carismático puede cambiar o condicionar el proyecto de vida de sus conciudadanos. Cómo el lenguaje facilita que una misma idea, expresada en un modo y formato distintos, puede resultar mucho más atractiva. Cómo la política y la comunicación van irremediablemente unidas. Todo eso me fascinaba.
Los idiomas no le andaban a la zaja. Era un convencido de las Letras. No en vano, en mi prueba de acceso a la Universidad me examiné de 5 idiomas y 2 clásicas, Historia y Filosofía. Aquel verano me despedí del fútbol, esa afición que me acompañó desde la niñez y durante toda la adolescencia, compitiendo en un torneo internacional celebrado en Holanda. Quedamos cuartos. Fue un verano inolvidable, de allí salté a Harrogate, en Inglaterra, donde mejoré mi inglés inmerso en una familia nativa y mis clases en el Ashville College.
Los idiomas me encantaban, probé incluso con el alemán, pero no tardé en decantarme por las Ciencias Políticas. Sentía entonces la inquietud de conocer la trastienda de las decisiones políticas. ¿Por qué un político está mejor valorado que otro? ¿Por qué miembros de una misma familia defienden ideologías opuestas? ¿Por qué si uno es fiel seguidor del Barcelona o del Madrid, luego cambia de partido político en cada elección? ¿Cómo se convence a un ciudadano con la palabra? Lo que son las cosas, hoy, varios años después, respondo a estas cuestiones en conferencias, seminarios o en medios de comunicación.
La Universidad me ayudó a pensar. También me dio la oportunidad de aprender a comunicar. Junto a otras compañeras que hoy triunfan en radio y televisión, defendí a la Universidad del País Vasco en la Liga Nacional de Debate Universitario. Analizar, argumentar, comunicar. Ahí estaba la clave. La otra en estar en permanente formación. La Universidad Rey Juan Carlos, la Universidad de Cantabria y la Universidad Pública de Navarra me tuvieron como alumno durante más de un verano.
En el ecuador de la carrera el cuerpo me pidió aire y amplitud de miras, por lo que elegí la Università di Bologna, la más antigua del mundo occidental, para formarme en comunicación pública y política. Allí aprendí italiano, a disfrutar de la pasta y la verdura, y a viajar por el mundo con una mochila como único equipaje. Tras estudiar en otras ciudades como Siena, Trento y Cambridge (de nuevo, Inglaterra), volví a Bilbao para terminar la carrera y, cosas del destino, trabajar en el Consulado de Italia en Bilbao. Mi agenda empezó a crecer al mismo ritmo que mis inquietudes. Me tocó incluso guiar al Embajador de Italia en su primera visita a Bilbao. Pero mi vida no estaba hecha pasa ser funcionario. La Cadena SER me daba entonces la oportunidad de debatir cada lunes la actualidad política y social del País Vasco.
Sin perder el contacto con la radio, di el salto a Madrid. La Universidad Complutense se convertiría entonces en mi segunda casa. Fue un año trepidante. Y duro. También para mi madre, a la que nunca podré agradecer todo lo que ha invertido en mí. Simultaneé dos Másters, uno sobre Dirección en Comunicación Corporativa y otro más específico sobre Gestión de la Comunicación en Situaciones Especiales (Crisis, Emergencias, Negociación). Clases de lunes a sábado, montones de apuntes y necesidad de hacer deporte. Hacía un año que había salido de un grave accidente de tráfico. En Madrid recuperé la forma y también obtuve la Maestría de Italiano. Debí bordar el examen porque el Instituto Italiano de Cultura me regaló 3 semanas en la Universidad de Feltre, en el Véneto. Allí devoré libros sobre comunicación y política. “La Casta”, todo un fenómeno en Italia, me dio muchas pistas.
Sabina, Calamaro y M-Clan me acompañaron ese verano en un viaje, tipo road movie, que hice en coche con una amiga por media Europa. Para entonces hacía unos meses que había echado a andar Yescom Consulting, la consultora de comunicación con la que he puesto en práctica todo lo que absorví en la Universidad y con la que hoy día no dejo de aprender. Hoy estamos presentes en España, Portugal y Venezuela. Aquel curso me haría pasar semanas hasta en cuatro ciudades distintas. Al trabajo añadía entonces mi tercer Máster. El de Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política, de la Universidad Pontificia de Salamanca… del que ahora soy profesor en materia de comunicación política y campañas electorales.
El Máster nos dio la oportunidad de seguir formándonos en la Universidad San Pedro Sula de Honduras, la Universidad Católica Argentina, en Buenos Aires, y la School of Communication de la University of Miami. Horas antes de coger el avión hacia EEUU, acababa la primera campaña presidencial en la que trabajamos en España.
No tardaron en surgir nuevas oportunidades. Apenas unos meses más tarde, me plantaba en El Salvador para echar un cable en el diseño y puesta en marcha de la investigación electoral para un candidato presidencial. Experiencia muy enriquecedora en un país donde la violencia y la pobreza son indeseados protagonistas. Poco después aterricé en Venezuela donde, inmerso en el área metropolitana de Caracas a escasos dos meses para unas elecciones municipales y regionales, tomé buena nota de los tips de una campaña caribeña.
Casi sin tiempo de reaclimatarme a España, de nuevo rumbo a América. Esta vez para asesorar en imagen, telegenia, comunicación y discurso a uno de los candidatos presidenciales de Honduras. El favorito, dicen las encuestas. Allí también puse en práctica los conocimientos aprendidos en otras especializaciones que realicé en la Complutense: Formación de Líderes, diseño de Campañas Electorales y Técnicas de Locución e Interpretación. Entretanto, el diario El Mundo me propuso analizar la campaña electoral en Euskadi, momento desde el cual escribo con frecuencia mis análisis sobre la actualidad política. Siempre desde ese prisma de la comunicación y el marketing político. Al igual que hago también para la revista Política y Moda, o puntualmente para las publicaciones de la Asociación de Comunicación Política (ACOP) y la Asociación Vasca de Asesores y Consultores Políticos (AVASCOP), de las que soy miembro.
Entre asesoría de comunicación, formación de portavoces parlamentarios y directivos de empresa, y artículos en prensa, disfruto como ponente, conferenciante y profesor invitado en cursos y Másters en materia de comunicación, tanto política como empresarial. Universidad del País Vasco, Universidad de Valladolid, Universidad Católica de Ávila, Universidad Pontificia de Salamanca, Universidad Politécnica de Madrid, Universidad CEU San Pablo, Asociación de Jóvenes Empresarios, etc. Empezó como algo puntual y ya van más de 20 instituciones.
Cuando la mente pide tregua, me desahogo con la natación, el jogging y el spinning, que practico al menos 3 veces por semana. Recientemente, me animé a realizar a pie los más de 900 km de la ruta francesa del Camino de Santiago. Desde Roncevalles hasta Finisterre. 30 días consecutivos cargado con 8 kilos a la espalda y la única compañía de los buenos amigos que conservo de aquella experiencia que empecé en solitario.
Con el bagaje de los últimos años en diversas campañas electorales en España y Latinoamérica, y como asesor de imagen y comunicación de más de una decena de políticos y de empresarios, hoy vivo entre Bilbao y Madrid, mis dos ciudades. Pero siempre con la maleta a mano por si hubiera que dar el salto a las Américas. México, Venezuela, Colombia y Chile están en agenda. No soy muy amigo de las corbatas, pero sí mucho de las nuevas tecnologías. Ellas me permiten estar en permanente contacto con Rakel, Jose, Jona, Irene, Silvia, Mario, Eileen, Thomas, Sonia, Pablo, Nacho, Cristina, Johan, Giorgio, Clara, Aritz, Eneko, Gorka, Edu… Ayer y hoy, mis amig@s.
A ell@s les intriga mi trabajo. Yo hoy disfruto ayudando a empresarios, políticos y gobernantes a comunicar mejor. A colocar sus titulares en los medios, a hacer más atractivos sus discursos, a diseñar la estrategia adecuada. A que les hagan caso, a salir más convincentes en televisión. También a ganar unas elecciones, a salir fortalecidos de una situación de crisis, a convertirse en referentes. En definitiva, a que les conozcan, les entiendan mejor y les quieran más.

