¿Qué le pasa al lehendakari con sus manos?
Éstas son, junto a la cara, las mayoras delatoras de nuestro estado de ánimo, de nuestro carácter, de nuestros sentimientos, de nuestras reacciones ante todo tipo de públicos y escenarios. Nuestros gestos, posturas, miradas y movimientos son en su mayoría involuntarios y por tanto difíciles de controlar. Es fácil mentir con la palabra, pero hay que ser muy buen actor para mentir con nuestro cuerpo.
En los mítines, discursos y entrevistas, Patxi López las mueve de manera acompasada… en ocasiones arrítmicamente, sí, pero las controla. Sin embargo, ante los recibimientos, saludos, posados y fotografías en público tan propias de su cargo, el lehendakari desvela con su cuerpo su lado más inseguro, más tímido: se lleva ineviblemente las manos a la espalda. Las oculta. Un gesto que, en ocasiones, corre el riesgo de interpretarse también como un indicador de arrogancia. No parece que sea éste el caso.


No se trata únicamente de una cuestión de fotogenia: ver las manos de los protagonistas (también más allá de las mangas del traje) aporta transparencia, seguridad, franqueza y credibilidad al protagonista. Inconscientemente, pensamos: “no tiene nada que esconder”. Sea como fuere, lo cierto es que López, a través de su lenguaje no verbal, deja entrever que no se siente cómodo siendo el objetivo principal de un fotógrafo.

Su lenguaje corporal es un aspecto que tendrá que matizar, corregir, entrenar… y controlar, ya que además es bastante común verle llevarse una de sus manos al botón de la chaqueta en otro gesto, similar al mencionado, que delata cierta contención, duda, nerviosismo e incomodidad en su perfil más público. La esperada reunión que mantendrá esta viernes con el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, será una buena oportunidad para analizar su comportamiento gestual.

Yuri Morejón es asesor de comunicación y director de Yescom Consulting

