Cuando el problema son los políticos

Hace unos días, el periodista Álvaro Vicente me entrevistaba para un reportaje, publicado este domingo en El Diario Vasco, sobre la imagen de los políticos y las causas que les han llevado, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), a ser considerados como el cuarto principal problema de los españoles, por delante incluso del terrorismo.

Cuando el problema son los políticos (ver reportaje en .pdf)
Los casos de corrupción han profundizado la distancia entre ciudadanos y partidos. La desafección es tal que los políticos son ahora la cuarta preocupación de los españoles según el CIS

corrupcionEl alcalde de Santa Coloma, el del Ejido (Almería), los primeros ediles de Boadilla, Pozuelo o Arganda (Madrid)… Cada vez son más los responsables municipales que son noticia por casos de corrupción que afectan a todo España y a buena parte de los partidos políticos. El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas es contundente. Los españoles creen que los políticos son un problema y no una solución. La desafección de la sociedad llega hasta el punto de inquietar más que el terrorismo. La clase política es ya la cuarta preocupación de los españoles.

Durante los años del boom inmobiliario, muchos municipios han triplicado sus hectáreas urbanizables, generando miles de millones de euros de beneficios. Una parte de ese dinero ha revertido en equipamientos, polideportivos, redes de saneamiento. Otra, como aflora ahora con la acción de la Justicia, ha acabado en los bolsillos y en los paraísos fiscales de unos cuantos alcaldes y concejales.

Más allá de las medidas que se podrían adoptar para reducir los casos de corrupción, la consecuencia más inmediata y en la que todos los agentes consultados coinciden es la profunda desafección en los electores que producen los escándalos. La distancia entre ciudadanos y partidos políticos se acrecienta. Así lo cree Yuri Morejón, director de Yescom Consulting y asesor de comunicación. «La falta de proximidad física y la percepción de que los políticos no atienden a los verdaderos problemas de los ciudadanos acrecienta la distancia. Eso les ataca directamente a la falta de confianza. De un tiempo a esta parte con la crisis, esto se agudiza».

El otro gran problema de la clase política, según Morejón, que ha viajado por todo el mundo asesorando a partidos políticos en sus campañas electorales, es la falta de credibilidad. «Se percibe que el nivel de los políticos es cada vez más bajo y eso no ayuda en absoluto a recuperar la confianza».

La desafección de los electores puede cristalizar en ocasiones en un aumento de la abstención que suele venir bien a quienes están en el poder. Incluso esa sensación de que todos son iguales puede repercutir positivamente en los dirigentes corruptos si trasladan al ciudadano de a pie que ellos, pesar de las sospechas que existan, son eficaces. El ejemplo más gráfico sería la etapa de Jesús Gil al frente del Ayuntamiento de Marbella. A ella se remonta Jordi Rodríguez Virgili, subdirector del Máster de Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra. «Funcionó el mensaje de que todos robaban pero que Gil era más eficaz. Cambió Marbella aunque luego el agujero que dejó fue enorme. En ese momento no importó a muchos votantes».

El socialista Manuel Huertas ha sido parlamentario vasco y diputado en el Congreso. Se ha retirado de la política activa, aunque no ha desconectado de ella. Desde su dilatada experiencia y su actual posición como presidente del PSE de Gipuzkoa, admite que tiene una duda: «No sé si hay corruptos porque hay corruptores, o viceversa». Y también expresa una certeza: «Ahora hay más corrupción porque se persigue».

Una primera tentación que hay que evitar, según coinciden algunos de los expertos consultados, es la de afirmar que la corrupción está en «nuestra cultura». Se trata de un argumento peligroso e intelectualmente poco satisfactorio, argumentan, pero que, sin embargo, goza de un cierto predicamento en algunos círculos.

La realidad, en contra de lo que pudiera parecer, es que el escaso impacto electoral que tienen algunos escándalos, en una sociedad en la que las investigaciones judiciales se suceden a un ritmo mucho mayor que las sanciones políticas y penales, hace que en la sociedad quede en el aire la duda de si los fieles votantes de un partido son tolerantes con las corruptelas propias e inflexibles con las ajenas.

La segunda tentación que se debe evitar sería el impulso legalista expuesto, por ejemplo, por el Tribunal de Cuentas en un informe sobre corrupción local. Según el organismo fiscalizador, lo que explicaría la corrupción sería la falta de regulación que «permite un margen de discrecionalidad, no siempre acorde con la protección del interés público». Según este argumento, la solución a la corrupción es regular las actividades de las administraciones en vez de vigilar la actuación de políticos y funcionarios.

Los partidos plantean endurecer los controles. Eso sí, todos resaltan que los corruptos son una minoría entre los 65.000 concejales que trabajan en los 8.115 ayuntamientos de España. «Por cuatro chorizos no vamos a desprestigiar a toda la política ni nos van a quitar la ilusión de seguir trabajando», defiende Ramón Gómez, del PP, que ha estrenado este año su cargo como parlamentario vasco. Manuel Huertas, por su lado, sostiene que la política «es un noble trabajo de servicio a la sociedad», aunque reconoce que «como en todas las profesiones hay manzanas podridas».

El caldo de cultivo que puede propiciar la aparición de casos de corrupción puede verse abonado por el hecho de que en muchas ocasiones el partido que controla un gobierno local puede nombrar multitud de cargos y asesores. Una manera de evitar este peligro, o al menos de suavizarlo, sería la de establecer mecanismos institucionales para que se seleccionen empleados públicos cuya continuidad en el cargo dependa exclusivamente de su competencia o mérito y no de su lealtad política.

Y qué decir si la oposición no es sólida. La permanencia en el poder de los afectados por escándalos también tiene que ver con la falta de una oposición que sea visualizada como alternativa real. Italia y Valencia serían, a juicio de Rodríguez Virgili, casos paradigmáticos. «La alternativa a Berlusconi vive en un permanente clima de división mientras que, en el caso valenciano, el PSOE no parece contar para los votantes como opción de gobierno», dice.

Para Morejón, que un político se perpetúe en un cargo puede resultar contraproducente porque puede hacer que se acabe alejando de los problemas que tiene la ciudadanía. «Eso quizás le lleva a pensar que puede ser más fácil robar», cuestiona. Para evitar la tentación o al menos prevenirla, sería necesario endurecer los controles. «La importancia del control en la democracia es fundamental», subraya Rodríguez Virgili.
Rapidez de reacción

¿Y si se acusa a un político de corrupción? Morejón recalca que la reacción es fundamental. «No puede haber medias tintas en el mensaje si el político está seguro de que las acusaciones son falsas. En situaciones de crisis lo primero es tomar la iniciativa y convertirse uno mismo en fuente de la noticia».

Rodríguez Virgili también insiste en la importancia crucial de la reacción. A su juicio, los ciudadanos comprenden que el ser humano puede errar y que las organizaciones están compuestas por muchas personas que pueden equivocarse. Por este motivo, la sociedad «podría disculpar hechos aislados siempre y cuando se conteste con prontitud y acierto a las acusaciones». «Una buena respuesta puede reforzar la organización y una mala política será nefasta», advierte.

«Los políticos han tendido a pensar que lo importante es que los ciudadanos opinen en las urnas cuando lo principal es que se les escuche. Ahora mismo lo que se percibe es que los políticos no están escuchando a los ciudadanos», asegura Morejón. «En política no basta con hacerlo bien sino que además hay que comunicarlo», añade. «Un gobierno puede estar esmerándose con medidas para salir de la crisis económica pero si la gente no lo nota en sus bolsillos al final su percepción, lo que la gente piensa que está haciendo el gobierno, es su propia realidad. No basta con hacerlo bien, sino que también hace falta comunicarlo».

En el mismo sentido se manifiesta Ramón Gómez. «Para una mayor atracción de la gente, especialmente de la joven, debemos ser mucho más cercanos. El político que se encierra en el despecho está pasado de moda. Hay que conocer los problemas de los ciudadanos y para eso hay que estar con ellos».

MANUEL HUERTAS – HISTÓRICO SOCIALISTA
«Las ideas de antes son ahora deseos de poder»

Manuel Huertas resalta que antes «entrábamos en política por ideas», a diferencia de lo que ocurre en la actualidad. «Ahora se han transformado en deseos de poder en algunos casos», asegura. Huertas cree que «algunos se han metido en la política con la finalidad de enriquecerse, aunque afortunadamente son solo unos pocos».

El actual presidente de la Ejecutiva del PSE en Gipuzkoa considera que «la honradez y la transparencia deben ser elementos indispensables para la acción política». Y dice más. «Me gustaría que algún día, un partido, sea cual sea, anunciara que ha detectado irregularidades en uno de sus cargos públicos y los ponga en conocimiento de la Justicia». En este sentido, Huertas realiza una recomendación: «hay que tener muy vigilado a todo lo que afecta al urbanismo porque ha sido la principal causa de corrupción».

RAMÓN GÓMEZ – PARLAMENTARIO DEL PP
«Hay que acercarse al ciudadano a pie de calle»

Ramón Gómez debuta este año en el Parlamento Vasco. Es joven y tiene toda una carrera política por delante. «El desprestigio de la política viene porque hay unos señores que son unos sinvergüenzas y vienen a aprovecharse», asegura. «Esos sinvergüenzas tienen que irse a su casa y pagar ante la Justicia».

Gómez considera que en Euskadi quien opta por la política «es porque cree que tiene que defender unos valores y no piensa en enriquecerse como pudiera ocurrir en otras latitudes». Y lo argumenta. «Hay mucha gente que ha demostrado que está jugándose la vida».

Gómez cree que la mejor forma de revalorizar a la clase política ante la sociedad es acercarse al ciudadano. «El político que se encierra en el despacho no tiene sentido. Hay que conocer los problemas de los ciudadanos y para eso hay que estar a pie de calle».

JORDI RODRÍGUEZ VIRGILI – UNIVERSIDAD DE NAVARRA
«Debemos tener presente la presunción de inocencia»

El subdirector del Máster de Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra considera que «la corrupción provoca una desafección general hacia la política, pero hay que puntualizar que no todos los políticos son iguales. No debemos generalizar porque esto termina beneficiando a los políticos corruptos». Rodríguez Virgili apuesta por los «mecanismos de control y por una reacción de los políticos lo más rápida y contundente posible». No ve que exista una relación directa entre la corrupción y la ausencia de cambios de poder en las administraciones públicas. Sí cree, en cambio, que hay que vigilar la financiación de los partidos. «Son grandes maquinarias que necesitan recursos y eso puede incitar a realizar actividades fraudulentas». Y deja una reflexión. «Con cuatro millones de parados, parece que sólo de habla de Gürtel…».

YURI MOREJÓN – ASESOR DE COMUNICACIÓN
«La clave está en la gestión de la percepción»

«Una mirada repetida hacia el suelo, ajustarse el cuello de la camisa, desviar la mirada, alisarse la ceja o pasarse la mano por la boca pueden ser delatadoras de que un político no cree en su propio mensaje. No es una ciencia exacta pero puede demostrar que existe contradicción. El mensaje lógicamente no cala», asegura el asesor en Comunicación Yuri Morejón. «La clave está en la gestión de la percepción, del tempo político y de los símbolos y lenguajes metafóricos», añade.

Morejón incide en la relación entre los políticos y los medios. «Últimamente los políticos ya no sólo puentean las preguntas de los periodistas sino que a veces ni siquiera conceden un turno de preguntas en sus comparecencias. La relación entre políticos y medios no pasa por su mejor momento y eso hace que a la mínima se levanten casos de corrupción en los medios».

comentarios

Deja un comentario

Yuri Morejon logo
  • Asesoramiento en comunicación

  • Contacta

    • Bilbao: (+34) 94 640 07 92
    • Madrid: (+34) 91 181 97 00
    • Nueva York: (+1) 914 374 6498
    • contactar@yurimorejon.com