¿Comunican bien los candidatos a lehendakari?

Gestos que delatan
Los candidatos no sólo deben cuidar su discurso para convencer a los electores: su imagen, su forma de moverse o expresarse también son fundamentales

En política no basta con ser, también hay que parecer. Dice el refrán que una imagen valemás que mil palabras, y mejor que esa imagen, si se aspira a la Lehendakaritza, sea buena.

Es la obsesión estos días de los candidatos, conscientes de que la campaña será dura e intensa, y llegar con opciones al final de la carrera requerirá no sólo de saber cuidar su imagen y su salud sino, sobre todo, de saber mostrarse vitales, frescos y descansados para comunicar mejor, para convencermejor.

Pero el éxito requiere preparación. Desde el famoso primer debate televisado entre Nixon y Kennedy en 1960, los políticos en EEUU entienden como en ningún otro país la importancia de prepararse antes de una intervención frente a las cámaras o ante un periodista. Una preparación que busca un único objetivo: comunicar de manera segura, creíble y atractiva sus mensajes y mantener el control ante cualquier circunstancia o imprevisto. Y debe hacerlo además con naturalidad. En este punto, no son pocos los que recuerdan que en política la preparación es la base del éxito. O dicho de otra forma, «tiene que estar tan bien entrenado que parezca improvisado».

En eso se afanan estos días nuestros políticos, unos apoyándose en cursillos de urgencia a manos de sus asesores y otros,más experimentados, valiéndose de su trayectoria. Cualquier político debería grabarse a fuego,más en tiempo de campaña electoral, que en comunicación la percepción es realidad. En la conformación de esa percepción las palabras no son lo fundamental. Otros aspectos pueden imponerse a su discurso, como su imagen, su credibilidad o la trayectoria que acompañe al candidato. Pero ¿comunican bien nuestros candidatos?

candidatos

Un repaso por los presidenciables permite augurar cuál será la percepción que de ellos tengan los vascos cuando el 1-M haya concluido la campaña y llegue la hora de elegir. Por su cargo de lehendakari en los últimos 10 años, Juan José Ibarretxe (PNV) es el más experimentado de todos los candidatos. El líder jeltzale ha sabido construir un liderazgo en torno a su figura. Un lehendakari que aparece más moderado en su pose y en sus gestos que en sus discursos. Ibarretxe acostumbra a repetir un gesto demanera constante, abrir sus brazos y palmas de las manos como quien pretende trasladar un gesto de acogimiento, de cercanía, de moderación y de transparencia que nos traslada a las poses más propias del ámbito eclesial. Después de tres legislaturas repletas de presión mediática, el lehendakari se ha ido apagando. Cada vez más, en sus comparecencias ha trasladado una imagen de quien se va consumiendo, de quien empieza a cansarse. Percepción que desaparece en los mítines, en los que Ibarretxe es amigo de levantar las manos y los puños por encima del hombro, en un gesto, en términos fotogénicos, visiblemente agresivo. A su favor habrá que recordar que el lehendakari fue el precursor en dejar de lado el atril en los mítines para dirigirse a su público sin parapetos.

Patxi López (PSE) es el que más ha evolucionado como comunicador. El ascenso del PSE en Euskadi le ha sentado bien. Sin embargo, sus gestos recuerdan demasiado a los del presidente Zapatero. Su tono de voz grave le favorece a la hora de dar mayor eco en sus comparecencias, especialmente en radio. Juega bien con las pausas y sabe variar el tono de voz y el ritmo de su discurso. López soporta peor los planos cortos por un leve tic en los ojos que ha ido corrigiendo. Su mayor handicap lo encuentra en su discurso, no siempre consecuente, lo que le hace perder en confianza y credibilidad ante sus potenciales votantes.

Antonio Basagoiti (PP), nuevo también en estas lides en la carrera por Ajuria Enea, se ha mostrado hasta ahora más flexible en sus planteamientos que su antecesora en la presidencia de los populares vascos, María San Gil. En su contra corre la imagen de familia bien que a menudo le acompaña y que le puede restar credibilidad en sus propuestas de carácter más social. En sus discursos, Basagoiti tiende a bajar la mirada y el tono de voz al término de las frases, lo que debilita sus mensajes, que pierden fuerza y convicción. A ello se suma que en ocasiones se atropella y no vocaliza bien. Entre sus logros figura la de acertar con facilidad a la hora de colocar titulares sugerentes con frases o términos poco comunes en la política. Pese a ser doce años más joven que López e Ibarretxe, no ha sabido destacarse como el candidato de los jóvenes.

El candidato de Eusko Alkartasuna, Unai Ziarreta, no afronta esta campaña en las mejores condiciones. El reto de lanzar su candidatura en solitario tras varias ocasiones acudiendo junto al PNV y con un partido no del todo unido en torno a su figura, quizás no le den demasiados motivos para sonreír. Su principal rasgo comunicativo es precisamente ése. Sonríe poco y transmite en sus comparecencias públicas una imagen en ocasiones demasiado arisca.

Javier Madrazo, que repite por quinta vez como candidato por EB, sorprende por su tono y gesto pausado, poco asociados al modelo más extendido de dirigente de izquierda. Una gestualidad moderada quizás por su formación en Teología y el sello que le dejó su paso por el seminario. En todo caso, Madrazo no tiene entre sus virtudes la de ser un gran comunicador, sino las de un hombre tímido y de actitud tranquila.

La candidata de Aralar, Aintzane Ezenarro, única aspirante a lehendakari, rebosa vitalidad. En sus gestos muestra convicción y es consciente de las posibilidades telegénicas que le otorga su amplia sonrisa.

Sin duda quien más difícil lo tiene es el joven y todavía desconocido Gorka Maneiro, candidato de UPD. Demuestra cierto nerviosismo en sus comparecencias públicas, que equilibra con el entusiasmo y la naturalidad de alguien que no vive de la política.

Cómo saber si un político miente

Ahorre palabras y trabaje la puesta en escena. Podría ser el consejo más eficaz para un político. Según los expertos, de todo lo que un político comunica en un mítin o en una debate electoral, el 55% lo transmite mediante su lenguaje corporal. El 28% por su cualidad vocal: tono de voz, pausas, ritmo… Tan sólo el 7% de su mensaje llega mediante sus palabras. Por ello, los candidatos han de cuidar al máximo la imagen y las formas.

Al igual que hay gestos que ayudan a transmitir tranquilidad, moderación o credibilidad, existen otros movimientos –la mayoría involuntarios– que evidencian nerviosismo, inseguridad, irritación o incluso falsedad. Una mirada repetida hacia el suelo, esconder las manos, no mostrar las palmas, ajustarse el cuello de la camisa, desviar la mirada, toquetearse la nariz, alisarse la ceja, pasarse la mano por la boca, acariciarse una oreja omanosearse el pelo… pueden dar muchas pistas.

Aun sin obsesiones, será mejor que no exista contradicción entre su discurso, y el cómo lo dice, si aspira a convencernos.

Yuri Morejon es asesor de comunicación y director de Yescom Consulting

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